viernes, 1 de septiembre de 2017

LOS MÉDICOS Y EL PROCESO DE PAZ


A raíz del artículo de un blog titulado: “ la pobreza y la salud a propósito del posconflicto”, Hernando Herrera, excompañero del Colegio Claretiano donde estudiamos en los años setenta – plena época de la teología de la liberación – ahora profesional de la Regional Bogotá de la Fundación Social,  pidió mi opinión al respecto, y específicamente me interrogaba así: “ “ ¿ Cómo lograr una verdadera paz si no se solucionan problemas estructurales y de fondo?. Se silenciarán un montón de fusiles, no todos, y eso está bien, pero la paz cómo la lograremos?.
Mi respuesta – que confieso no fue completa – fue la siguiente: “ El artículo hace una aproximación a la situación por la que atraviesa el Sistema de Salud en la actualidad. Se refiere a la ley 100 que tantos beneficios y perjuicios ha generado y que ha creado nuevos ricos, vía corrupción o por vía del aprovechamiento legítimo – no escribí ético- del negocio.
Nunca antes se ha destinado tantos recursos para el sector salud, como luego de promulgada la ley 100, pero nunca antes se ha dilapidado tanto dinero. Público y privado.”
Y agregué; “ sin embargo, no veo, por lo menos en el corto plazo, que en el posconflicto se solucione el problema pues debe pasar por el congreso, que seguirá siendo el mismo de ahora, por lo menos en un gran y mayoritario porcentaje; y en los acuerdos de la Habana no hay compromisos puntuales en este aspecto”. Exceptuando, y es una excepción importante, lo relacionado con la salud en el campo y el control del consumo de sustancias psicoactivas. No es de extrañar si consideramos el origen y la actividad del grupo guerrillero de marras. Al final, con algo de tristeza, le indicaba. “ de manera que consideraría sano no alimentar falsas expectativas”

Claro, me refería expresamente a todo este sistema de negociantes y EPSs. No obstante, a pesar de seguir creyendo lo escrito, de otra forma no habría hecho parte de esta columna, un análisis más detenido del Acuerdo, me ha hecho pensar que el consenso de las partes en cuanto al mejoramiento de las condiciones objetivas de la salud de nuestros compatriotas del sector rural, nos compromete a nosotros los médicos a poner más de nuestra parte – como si no fuera suficiente, dirán algunos  - para que, con apoyo del Estado, esos compatriotas mejoren sus condiciones  de salud y por ese camino, sus condiciones de vida. Que trabajar para el campesino no se convierta para el médico en una tortura, en un exilio, en hacer parte del abandono estatal; sino, por el contrario, que al profesional de la salud se le brinden las mejores condiciones de trabajo, para que él, a su vez, pueda dar lo mejor de sí, de su conocimiento en favor de lo que ahora, por ley, es un derecho fundamental para todos los colombianos: la salud.

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