A raíz del artículo de un blog titulado: “ la pobreza y la
salud a propósito del posconflicto”, Hernando Herrera, excompañero del Colegio
Claretiano donde estudiamos en los años setenta – plena época de la teología de
la liberación – ahora profesional de la Regional Bogotá de la Fundación
Social, pidió mi opinión al respecto, y
específicamente me interrogaba así: “ “ ¿ Cómo lograr una verdadera paz si no
se solucionan problemas estructurales y de fondo?. Se silenciarán un montón de
fusiles, no todos, y eso está bien, pero la paz cómo la lograremos?.
Mi respuesta – que confieso no fue completa – fue la
siguiente: “ El artículo hace una aproximación a la situación por la que
atraviesa el Sistema de Salud en la actualidad. Se refiere a la ley 100 que
tantos beneficios y perjuicios ha generado y que ha creado nuevos ricos, vía
corrupción o por vía del aprovechamiento legítimo – no escribí ético- del
negocio.
Nunca antes se ha destinado tantos recursos para el sector
salud, como luego de promulgada la ley 100, pero nunca antes se ha dilapidado
tanto dinero. Público y privado.”
Y agregué; “ sin embargo, no veo, por lo menos en el corto
plazo, que en el posconflicto se solucione el problema pues debe pasar por el
congreso, que seguirá siendo el mismo de ahora, por lo menos en un gran y
mayoritario porcentaje; y en los acuerdos de la Habana no hay compromisos
puntuales en este aspecto”. Exceptuando, y es una excepción importante, lo
relacionado con la salud en el campo y el control del consumo de sustancias
psicoactivas. No es de extrañar si consideramos el origen y la actividad del
grupo guerrillero de marras. Al final, con algo de tristeza, le indicaba. “ de
manera que consideraría sano no alimentar falsas expectativas”
Claro, me refería expresamente a todo este sistema de
negociantes y EPSs. No obstante, a pesar de seguir creyendo lo escrito, de otra
forma no habría hecho parte de esta columna, un análisis más detenido del
Acuerdo, me ha hecho pensar que el consenso de las partes en cuanto al
mejoramiento de las condiciones objetivas de la salud de nuestros compatriotas
del sector rural, nos compromete a nosotros los médicos a poner más de nuestra
parte – como si no fuera suficiente, dirán algunos - para que, con apoyo del Estado, esos
compatriotas mejoren sus condiciones de
salud y por ese camino, sus condiciones de vida. Que trabajar para el campesino
no se convierta para el médico en una tortura, en un exilio, en hacer parte del
abandono estatal; sino, por el contrario, que al profesional de la salud se le
brinden las mejores condiciones de trabajo, para que él, a su vez, pueda dar lo
mejor de sí, de su conocimiento en favor de lo que ahora, por ley, es un
derecho fundamental para todos los colombianos: la salud.
No hay comentarios:
Publicar un comentario